Militancia en la solidaridad: Una carrera de fondo con mil caminos en la misma dirección. Por Peio Gaio.

9 Aza

*En la foto algunas de las pegatinas que ha mandado Peio.

Tener la fortuna de haber militado en Askapena ha supuesto un gran aporte en mi experiencia vital y sobre todo lo que me empuja a escribir estas reflexiones.

Veinticinco años dan para mucho y aunque no son pocos, muchos de quienes por estos lares del internacionalismo anduvimos en aquellos comienzos, a buen seguro nos diremos: quién los pillara!

Askapena ha sido escuela y taller en el que uno de los matices y quizá seña de identidad de ese internacionalismo solidario que representa “Herriekiko Euskal Elkartasuna” es la condición de militante en su más amplio sentido e inherente a ese conglomerado humano que hemos venido conformando esta organización.

Militancia que algunas compañeras llevaron hasta las ultimas consecuencias, valgan estas líneas de homenaje y recuerdo a todas ellas: Pakito, Begoña, Alba, Ambrosio, Ina, Joxe…

Si EH es una sociedad donde la solidaridad es un valor bien asentado y de viejo arraigo, no por ello siempre ha sido fácil hacer un hueco al mensaje que queríamos transmitir; Bien por la efervescencia de las muchas veces solapados frentes de lucha popular, o casi siempre por un orden de prioridades marcado por la frenética actividad política. A pesar de ello, la modesta contribución del internacionalismo vasco a la liberación nacional y social de muchos pueblos, ha dejado su poso.

Miles de brigadistas, embajadoras de lujo recorrieron el mundo las últimas décadas llevando y trayendo Solidaridad; en una mochila a prueba de detectores en los aeropuertos, equipaje imposible de confiscar, ilegalizar y detener. Preciado tesoro no expuesto a mercadeo, patrimonio inmaterial de la humanidad y autentico dolor de cabeza de los colonizadores de la era post-digital.

Sin embargo, la dictadura global representada hoy más que nunca por los sacrosantos mercados sigue dando muestras de su hegemonía:

800 millones de personas hambrientas y varios cientos de millones en riesgo de engrosar la lista anterior, mientras tanto, jamás en la historia de la humanidad se produjeron tantos alimentos.

En EH miles de familias viven gracias a la fabricación de armas o sus componentes mientras el primer sector tras décadas de agonía y pac’s comienza a organizarse ante la falta de Soberanía Alimentaria, constituyendo esta carencia un problema de primer orden invisibilizado por el espejismo de la felicitad que representan las grandes cadenas de distribución.

A golpe de teclado y click de ratón surgen ‘árabes primaveras’ que enseguida se tornan en otoños grises y negros inviernos, donde el virtual verano es un sueño que trata de vendernos la publicidad global.

El comercio internacional devora sagazmente personas, bienes y animales hasta el empacho envolviendo a las consumidoras con el perfume lujurioso del low cost. Deforestaciones para depredar recursos naturales y construir cementerios de residuos radiactivos. Reforestaciones con monocultivos de transgénicos de 3ª generación y plantaciones de alimentos para fabricar biodiesel que servirá para que nuestros vehículos nos desplacen por modernas autopistas contribuyendo así al desplazamiento de campesinas hacia los guetos de la miseria es la mejor de las salidas que patrocina la agroindustria multinacional.

El globalizado sueño americano sigue incitándonos a dar el pelotazo sin dar un palo al agua, o dando patadas a un balón y convertirse en multimillonaria, ser el rey de la baraja y comprarse una isla artificial en Dubai, “capital artificial de un país singular”, desde la que promocionar el consumo compulsivo y no meditado hasta ayer financiado por los, con nuestro dinero rescatados bancos y banqueros ahora obligados a desahuciarnos por cláusula contractual.
Las democracias representativas se ‘calzan’ la participación popular y se visten el frac de los mercados al toque de campana de Wall Street, que a pesar de “Sandy” la casa, como siempre, nunca pierde. Las estructuras supranacionales, son auténticos bisturís de los hombres grises de nuestra era, con capacidad de dar fe y pase al casino del concierto internacional a cualquier aspirante.

Personas detenidas, torturadas y encarceladas por hacer política, por ser solidarias, por ser jóvenes, rebeldes e inconformistas, por ser abogada y confundirte de defendido, por ser sindicalista o militante de la libertad.

Pienso en un ejercicio colectivo consistente en hablar otro idioma con las mismas palabras y cuyo mejor material didáctico sea el diccionario que redefina los términos de la persona nueva que precisa ese otro mundo tan necesario. Diccionario que nos diga por ejemplo que términos como ‘competitividad’ es sinónimo de esclavitud laboral, o que el ‘progreso’ es inseparable de destrucción.

Los ‘brotes verdes’ americanos que despiertan las simpatías e ilusión de las revolucionarias del mundo nos hacen ver que la utopía se puede empezar a construir, aunque para una materialización efectiva, es urgente cambiar la baraja marcada con la que Bilderberg nos obliga a jugar.

Creo que nunca estuvimos tan lejos de la libertad y de la justicia social como lo estamos hoy, por ello otros veinticinco años de profundización solidaria no parecen un capricho sino una necesidad vital, estamos obligadas no olvidar lo aprendido donde la correa de transmisión cobra mayor importancia que la gasolina para que el motor funcione.

El pintoresco y desolador panorama que tenemos delante y que acabo de escribir no pretende ser una loa al desaliento, es mas, para mi constituye un acicate para levantarme cada día con una sonrisa dispuesto aportar mi granito de arena en esta carrera de fondo.

Porque hay un mar de fueguitos que iluminan el mundo, luces que nos guían, nos alimentan y nos animan. El Auzolan es el instrumento de la persona militante que nos hace

”Ser capaces de sentir en lo más profundo cualquier injusticia, cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo…”

Besarkada bat
Peio Gaio

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